El multitudinario festival de rock realizado el último fin de semana en la costa de Ramallo dejó una huella profunda en la ciudad, tanto por su impacto económico inmediato como por los debates que se abrieron en distintos sectores de la comunidad. Con una convocatoria que reunió a miles de personas provenientes de la región y de otros puntos del país, el evento posicionó a Ramallo en la agenda cultural y turística, pero también encendió discusiones que aún resuenan. Desde las primeras horas de la tarde y hasta bien entrada la madrugada, el predio costero y sus alrededores se vieron colmados por un público diverso que disfrutó de una propuesta artística que combinó bandas de alcance nacional con músicos locales, en un entorno natural que se transformó en epicentro de la actividad durante todo el fin de semana. El movimiento generado fue evidente. La ocupación hotelera y de alojamientos temporarios alcanzó niveles cercanos al ciento por ciento, mientras que comercios, paradores, estaciones de servicio y prestadores turísticos trabajaron con una demanda inusualmente alta. El incremento del tránsito vehicular y peatonal en accesos y zonas clave de la ciudad confirmó el fuerte flujo de visitantes y el derrame económico que se produjo, no solo en Ramallo sino también en localidades vecinas. Sin embargo, el balance no fue exclusivamente positivo. Uno de los ejes de mayor discusión estuvo vinculado al costo de la organización del festival. Trascendió que el municipio habría afrontado una inversión millonaria para llevar adelante el evento, lo que abrió interrogantes entre vecinos y referentes locales sobre las prioridades del gasto público y sobre si los beneficios obtenidos compensan, en el mediano y largo plazo, los recursos destinados. En materia de seguridad, el desarrollo general del recital transcurrió sin incidentes de gravedad, aunque se registraron denuncias por robos menores, principalmente de teléfonos celulares y mochilas, aprovechando la gran concentración de personas. Además, se reportó la sustracción de una motocicleta Honda Twister de color rojo, hecho que generó preocupación y que se encuentra bajo investigación. Otro foco de conflicto surgió a partir de los reclamos de emprendedores y feriantes locales. Varios de ellos manifestaron su malestar por la ubicación asignada para instalar sus puestos, señalando que quedaron relegados a sectores con escasa circulación de público, mientras que vendedores provenientes de otras ciudades accedieron a espacios estratégicos, tanto sobre la costa como dentro del predio principal. Según indicaron, esta situación impactó de manera directa en las ventas y en la posibilidad de recuperar la inversión realizada para participar del festival. Los cuestionamientos no apuntaron a la propuesta cultural del evento, sino a la falta de criterios claros y equitativos que prioricen el trabajo local en actividades de gran escala. Más allá de las polémicas, el festival dejó en evidencia el potencial de Ramallo para albergar eventos masivos que dinamizan la economía y atraen visitantes. El desafío hacia adelante será encontrar un equilibrio entre la promoción turística, la transparencia en el uso de recursos públicos y la inclusión efectiva de los actores locales en este tipo de iniciativas. Opinión pública: el éxito de convocatoria demostró que Ramallo puede jugar en las grandes ligas del turismo cultural, pero también dejó en claro que sin reglas claras, control y planificación a largo plazo, los eventos masivos corren el riesgo de convertirse en oportunidades desaprovechadas para la comunidad que los sostiene. www.nortehoy.com.ar